¿PUEDO
ESTAR SEGURO DE QUE IRE AL CIELO?
Esta pregunta sigue siendo importante,
aun dentro de nuestro mundo secular contemporáneo. Es cierto
que muchas personas se sienten más interesadas en ver la
televisión, y escuchar música, ansiar más dinero, buscar
un mejor puesto en el trabajo, comprar los artículos de
moda y alcanzar la satisfacción sexual. Sin embargo, las
personas en sus momentos de mayor reflexión desean saber
qué les pasará después de morir. Después de todo, nadie
tiene el día de mañana asegurado, mucho menos otro año
u otros cuarenta años. Por lo tanto, es prudente descubrir ahora como
podemos vivir para siempre en un lugar mejor. Si no tomamos
esta precaución ahora, será ¡eternamente demasiado
tarde! Antes de responder directamente a la pregunta sobre
cómo podemos prepararnos para ir al cielo necesitamos revisar
brevemente algunas verdades espirituales básicas. Sólo
entonces estaremos preparados para saber si en verdad iremos
al cielo.
La
respuesta de Dios
Tomando en cuenta de que Dios nos creó y
que continua sosteniéndonos, debemos acudir a Él para hallar
las respuestas a nuestras preguntas espirituales. La palabra
de Dios dice claramente: "En el principio creó Dios
los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). También dice: "Creó,
pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo
creó; varón y hembra los creó" (1:27). Si Dios nos
creó a cada uno de nosotros y el universo entero, y si Él
es el Señor del cielo y la tierra, debemos acudir a Él
para descubrir cómo podemos estar seguros del futuro.
Primero,
cada uno de nosotros ha pecado contra Dios. Para
tener comunión con Dios nuestro Creador, debemos
ser como Él y hacer su perfecta voluntad. Sin embargo,
cada uno de nosotros le ha dado la espalda a
Dios. La Biblia, la Palabra de Dios, dice: "Todos
nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos
cada cual por su camino" (Isaías 53:6). Cada
uno de nosotros ha escogido su propio camino egoístamente
y ha rechazado obedecer al Dios de amor. Hemos
escogido hacer nuestra propia voluntad en vez de
hacer Su voluntad. No hay excepción en esto: "por
cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria
de Dios" (Romanos 3:23). Basta que uno de
nuestros pecados no haya sido perdonado para que
sigamos siendo "pecadores" delante de
Dios. ¡El hecho de que todos seamos pecadores delante
de Dios nos pone en un serio problema!
Segundo, nuestro pecado nos
separa de Dios. Cuando pecamos contra
Dios, nosotros mismos nos separamos de Él. La Biblia dice: "vuestras
iniquidades han hecho separación entre vosotros
y vuestro
Dios" (Isaías 59:2). También podemos leer sobre las terribles condiciones
de aquellos que se hayan en este estado de separación: "en ese tiempo estabais
separados de Cristo,... sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo...excluidos
de la vida de Dios" (Efesios 2:12; 4:18). En estas condiciones, nuestra
situación es ¡Desesperante! No podemos ir a estar con Dios en el cielo mientras
sigamos alejados de Él. ¡No podemos ser amigos de Dios y permanecer en nuestro
pecado!
Tercero, nuestro pecado tiene
serios resultados! Como si esto no fuera suficiente,
Dios continua explicando con mayor profundidad el resultado de nuestro
pecado. ¿Cuáles son algunas de estas consecuencias? Debido a nuestro
pecado, estamos bajo la ira de la justicia de Dios (Efesios 5:3-6).
Nosotros vivimos muertos espiritualmente: "vosotros, que estabais
muertos en vuestros delitos y pecados" (2:1). No podremos ingresar
al maravilloso Reino de Dios que ya viene: "los injustos no heredarán
el reino de Dios" (1 Corintios 6:9-10). No tendremos vida eterna
(Juan 3:36). Aquellos que mueren en su pecado (Juan 8:24) sufrirán
la horrible "muerte segunda" que es el lago de fuego (Apocalipsis
20:14-15; 21:8). Estaremos separados de nuestro Dios amoroso y de Jesucristo
nuestro Salvador – para siempre (2 Tesalonicenses 1:7-9; Mateo 25:41,46).
Sin lugar a duda, es importante descubrir ¡Cuál es la solución a esta
aterradora condición!. De otro modo, no tendremos vida eterna.
Cuarto, Dios ha resuelto nuestro
problema del pecado. Dios, en su gran sabiduría,
amor y misericordia ha venido a rescatarnos, dándonos un camino para
que nosotros no tengamos que pagar las consecuencias del pecado. Esta
verdad es bastante simple: "Pero Dios demuestra su amor para con
nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos
5:8). Esto quiere decir que Dios, por amor, envió a su único Hijo,
Jesucristo. Cristo vino a esta tierra con el propósito de morir por
nuestros pecados (1 Timoteo 1:15). ¡Jesús quiso tomar nuestros pecados
que merecían condenación eterna y morir por ellos! Cuando fue a la
cruz, sufrió y murió, Él llevó allí nuestros pecados a fin de que nosotros
no necesitáramos llevarlos nosotros mismos (1 Pedro 2:24). "Porque
mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos" (Romanos
5:6). Y esto no es todo, sino que además Dios levantó a su hijo Jesucristo
de los muertos, a fin de que tengamos un Salvador resucitado, vivo,
glorificado y poderoso que es capaz de rescatarnos del pecado y la
muerte.
Quinto, Jesús es nuestra única
puerta de escape para huir del pecado, la muerte y el infierno. A
muchas personas les ofende oír decir que Jesús es el único camino hacia
la vida eterna, pero si Jesús nos creó y murió por nosotros, es lógico
que tenga el derecho de reclamar algo tan importante. Él dijo, "Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por
mí" (Juan 14:6). Él es el único mediador entre nosotros y Dios
(1 Timoteo 2:5). Mohammed, Buda, Confucio, y Lenin están muertos; Cristo
Jesús está vivo!. ¡No podemos ir al cielo sino a través de Cristo quien
nos reconcilia a nosotros, pecadores culpables, con un Dios santo y
amoroso!.
Nuestra respuesta a
Dios
Nuestra liberación del pecado obtenida gracias a Jesús es
como un regalo. ¿Cómo recibes un regalo?, ¡Primero debes aceptarlo!. Un regalo
sólo va a ser para nosotros si lo aceptamos y cumplimos cualquier condición
asociada a él. ¿De qué manera respondemos personalmente a Dios para obtener
el regalo del perdón, la vida eterna y el Espíritu Santo?
Primero, debemos admitir nuestra
condición de pecado y de incapacidad para cambiarla. Muchas
personas orgullosamente rechazan admitir su estado de incapacidad.
Tratan de hacerse ellos mismos su camino al cielo haciendo buenas obras,
yendo a la iglesia, siendo religiosos, dándoles dinero a los pobres.
Pero aun con todas las cosas buenas que hacemos, aún seguimos siendo
pecadores. ¡Simplemente no podemos lograrlo por nosotros mismos! Y
recuerde que cualquier pecado nuestro, incluso uno solo que no haya
sido perdonado, nos mantendrá lejos del cielo!
Segundo, debemos arrepentirnos
de nuestros pecados. Debemos sentirnos verdaderamente
afligidos por haber pecado y haber lastimado el corazón de Dios (2
Corintios 7:10). Pero no debemos quedarnos ahí. Debemos arrepentirnos.
Esto quiere decir que debemos cambiar nuestro corazón en lo que respecta
a nuestros pecados y tomar la decisión de alejarnos de ellos. La Palabra
de Dios dice, "Por tanto, arrepentios y convertios, para que vuestros
pecados sean borrados" (Hechos 3:19). Si no nos arrepentimos permaneceremos
bajo el juicio de Dios y estaremos eternamente perdidos (Lucas 13:3;
Hechos 17:30-31; 2 Pedro 3:9).
Tercero, debemos alejarnos
de nuestros pecados y abandonarlos. Cuando nos arrepentimos
de nuestros pecados, lo que debemos hacer en realidad es abandonarlos.
La Biblia dice que si confesamos nuestros pecados y nos alejamos de
ellos, Dios tendrá misericordia de nosotros (Proverbios 28:13). Esto
quiere decir que si una persona se arrepiente de sus pecados tendrá la
determinación de abandonar las relaciones sexuales fuera del matrimonio,
la homosexualidad, el adulterio y los deseos de la carne. Dejará la
ira, lo profano, su odio por otros, la deshonestidad y la mentira.
Quien se arrepiente deberá cortar definitivamente con sus prácticas
dañinas (consumo de tabaco, embriaguez, drogadicción gula) Deberá alejarse
de su incredulidad y falta de amor para Dios y los demás. Deberá abandonar
cualquier tipo de práctica que lo haya llevado a pecar y le haya hecho
perder el interés en Dios y su Palabra. ¡Deberá renunciar al pecado
si desea ser perdonado!
Cuarto, debemos poner toda
nuestra fe en Dios y Jesucristo. Ya hemos podido
notar que no podemos ser lo suficientemente buenos parta tener el favor
de Dios. No podemos deshacer todos los pecados que hemos cometido.
Pero la Biblia dice que debemos creer en el Señor Jesús. "Cree
en el Señor Jesús, y serás salvo" (Hechos 16:31). Esto quiere
decir que debemos creer firmemente que Dios puede salvarnos por amor
a Cristo. "Para que creáis que Jesús es el Cristo [El Salvador
escogido por Dios], el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida
en su nombre" (Juan 20:31). Pongamos toda nuestra confianza y
fe en Dios el Padre y en Jesucristo (El Mesías) como aquél que llevó nuestros
pecados, Salvador y Señor.
Quinto, debemos reconocer
a Jesús como nuestro Señor. Hasta ahora usted no
ha decidido rendirse totalmente a Cristo Jesús. De hecho, usted se
ha tenido a sí mismo por "soberano". Ahora debe someterte
sumisamente a Cristo en todo. Las escrituras dicen, "que
si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón
que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (Romanos
10:9). Debes venir a Jesús y reconocerlo como ¡Salvador y Señor!
Sexto, debemos bautizarnos
en Cristo. Si Jesús es su Salvador es muy importante
que usted esté unido a Él y que tenga una relación viva con Él. En
respuesta a la pregunta de cómo ser perdonados, leemos esto: "Arrepentios
y sed bautizados (inmersos en agua) cada uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don
del Espíritu Santo" (Hechos 2:38). La Biblia además dice, "¿O
no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús,
hemos sido bautizados en su muerte?. Por tanto, hemos sido sepultados
con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo
resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en novedad de vida" (Romanos 6:3-4). Nosotros
somos bautizados en Cristo Jesús y bautizados en su muerte. Nos levantamos
del bautismo para vivir una nueva vida en el Espíritu- una vida de
obediencia absoluta (Mateo 28:18-20; Colosenses 2:11-13; Juan 14:15,
21-24; 15:1-8).
Sétimo, debemos vivir una
vida de plena devoción al Señor Jesucristo y serle fiel hasta la muerte. Algunas
personas creen que si se bautizan en Cristo y que si todos sus pecados
son perdonados, ya hicieron todo lo que tenían que hacer. ¡Éste
es un gran error!. Supongamos que un hombre se casa con una mujer porque
la ama y está comprometido con ella. Él querrá mantener una dulce comunión
con ella y ser de bendición para su vida-y estar con ella hasta que
la muerte lo separe de ella. Con mucha mayor razón, si hemos sido perdonados
de todos nuestros pecados pasados, querremos amar, obedecer y servir
a nuestro Dios ¡Toda nuestra vida!. Querremos demostrarle a Jesús cuán
agradecidos estamos por habernos salvado. ¡Aquellos que dicen que una
vez que una persona es salva, puede aun seguir viviendo en pecado,
están totalmente equivocados! (Romanos 6:1-11). En lugar de esto, tenemos
el maravilloso privilegio de pertenecer a Dios y vivir para Él. Tenga
en cuenta estas advertencias y promesas: "el que persevere hasta
el fin, ése será salvo" (Marcos 13:13). "Sé fiel hasta la
muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Apocalipsis 2:10). "El
vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda" (2:11). No nos
conformemos simplemente con ir a Jesús, sino continuemos caminando
en Él y viviendo para Él (Colosenses 2:6; 3:1-4).
El Señor te llama
Si un hombre se está ahogando no puede rescatarse a sí mismo.
Depende de otro para que tire la cuerda que lo jalará para salvarlo. Dios sabe
que sin Él estamos en una condición sumamente difícil y que no podemos rescatarnos
nosotros mismos. Es por eso que es sumamente necesario que vayamos a Dios,
el único que puede salvarnos y perdonarnos. Dios tiene provisiones para que
podamos tener vida eterna a través de Cristo Jesús, su Hijo, quien murió por
nuestros pecados y fue resucitado para ofrecernos vida para siempre con Él. ¿Desea
usted aceptar al Señor Jesús y su maravilloso regalo?
La mayoría de gente escogerá permanecer en su pecado y continuar
con el camino que ellos mismos han escogido. El ser extraídos del mundo es
demasiado para ellos. Su iglesia y religión los tiene cautivos. Algunas falsas
enseñanzas los atan. Su cónyuge, su familia o sus amigos ejercen mucha influencia
en ellos. Su propio corazón puede hacer que no acepten a Cristo y pierdan la
oportunidad de ir al Cielo. Jesús habla a las multitudes cuando dice: "Entrad
por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella" (Mateo 7:13).
También habla a los pocos: "Porque estrecha es la puerta y angosta la
senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (v. 14). Aunque
la puerta es estrecha, es lo suficientemente ancha para que usted y yo podamos
pasar. El camino estrecho es lo suficientemente ancho para aquellos que vengan
con una fe humilde, sumisa y de arrepentimiento. ¿Quisiera venir a Cristo y
hallar vida eterna en el cielo junto con otros más en la familia de Dios? (1
Corintios 12:12-13,27). (Traductora: Monica Castro Laos)
Richard Hollerman