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¿QUE
HARÍA JESÚS?
¿Está usted
realmente siguiendo
los pasos de Jesús?
Prefacio
La
mayoría de las personas en nuestra sociedad se interesa
mucho en la opinión y estilo de vida de las personalidades
de la televisión, estrellas de cine, figuras deportivas,
artistas musicales, y otras celebridades. Quieren saber
de ellos y ser como ellos. Hasta quieren vestirse como
ellos, manejar el mismo tipo de carro, usar el mismo tipo
de pasta dental, usar el mismo tipo de peinado, y adoptar
los mismos puntos de vista políticos y sociales. Ya sea
consciente o inconscientemente, imitan a aquellos
a quienes admiran y por quienes sienten devoción.
Por
el contrario, aun cristiano no le interesa seguir a estas
personalidades del mundo sino que está vitalmente interesado
en seguir al Señor Jesucristo, a quien sirve. Ya que Cristo
ha muerto por el creyente, lo ha rescatado del pecado y
del infierno, y ahora tiene autoridad en el cielo y en
la tierra, el creyente busca seguir sus pasos y hacer Su
voluntad. En este sentido, vale preguntarse, “¿Qué haría
Jesús?”
¿Cuál
es su perspectiva? ¿Está usted interesado en seguir a aquellos
a quienes el mundo admira y exalta, o está usted determinado
a seguir al Señor y Salvador quien lo ama y desea que esté con Él
para siempre? ¡No podemos hacer ambas cosas a la vez! Debemos
escoger entre uno o el otro. ¿Cuál es su propósito
en la vida? ¿Desea usted saber cómo vivió Jesús mientras
estaba en la tierra y cómo viviría Él el día de hoy si
aun estuviera en la tierra? Lo invitamos a leer este pequeño
libro que le ayudará a responder esta profunda pregunta, “¿Qué haría
Jesús?”
¿QUE
HARÍA JESÚS?
Esta
es una pregunta que se repite cada vez más en la actualidad.
Se usa en polos, muñequeras, bandas para la cabeza, mochilas,
y otros artículos: “¿Qué haría Jesús?” Este título
nos hace referencia al volumen escrito por Charles Sheldon
en 1897, Siguiendo sus pasos. El libro de ciencia-ficción
que ha vendido más de 15 millones de copias, cuenta la
historia de personas que se preguntaron, “¿Qué haría Jesús?,” antes
de tomar cualquier decisión en su vida. Años más tarde,
apareció una continuación del libro original, con el título
correspondiente, ¿Qué haría Jesús?
¡Buena
pregunta!
Esta
es una buena pregunta y está respaldada por la Biblia. Pablo
escribe, “Porque
para este propósito habéis sido llamados, pues también
Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que
sigáis sus pisadas” (1
Pedro 2:21). ¡Deberíamos aspirar a seguir los pasos de
Jesús! Pablo escribió, “Y
vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1
Tesalonicenses 1:6; comparar 1 Corintios 11:1). Debemos “imitar” al
Señor Jesús y su vida perfecta. Juan el apóstol también
escribió, “El
que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo” (1
Juan 2:6). Debemos “andar” o vivir como Jesús vivió.
Por tanto, es cierto que debemos “andar como Él anduvo” y
preguntarnos, “¿Qué haría Jesús?”
Si
vamos a mantener este valioso deseo, debemos averiguar
cómo caminó Jesús. Debemos tener una comprensión clara
de cómo vivió Él, día a día durante su vida en la tierra. ¿Cómo
podemos descubrir esto en la Palabra de Dios?
¿Cómo
vivió Jesús?
Primero, Jesús
vivió para agradar a Dios. Él pudo decir, “yo
siempre hago lo que le agrada” (Juan
8:29). Pablo añade “ni
aun Cristo se agradó a sí mismo” (Romanos
15:3). Jesús agradó a Dios su Padre en lugar de agradarse
a Sí mismo. De hecho, Dios reconoció, “Este
es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mateo
17:5). Nosotros también debemos agradar a Dios y a
Cristo. Debemos examinar “qué es
lo que agrada al Señor” (Efesios
5:10). “Ambicionamos
serle agradables” (2
Corintios 5:9; comparar Colosenses 1:10).
Si
estamos seriamente comprometidos a seguir los pasos de
Jesús y preguntar, “¿Qué haría Jesús?,” debemos decidirnos
a agradar a Dios en todo lo que pensamos, decimos y hacemos.
Debemos estar dispuestos a decir No a nosotros mismos y
Sí a Dios en todas las cosas. Debemos estar dispuestos
a agradar a Dios aun si esto significa negarnos a nosotros
mismos, nuestros deseos, nuestros intereses, y nuestros
placeres en la vida (Marcos 8:34; 2 Corintios 5:14-15).
Segundo, Jesús
vivió para obedecer a Dios. Cristo Jesús sabía
que Él no podría agradar a Dios a menos que le obedeciera. Este
era el propósito que Jesús ansiaba más en la vida. Él
declaró claramente, “no
busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan
5:30). Esta fue la motivación para su venida a la tierra: “he
descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino
la voluntad del que me envió” (Juan
6:38). Al
hacer la voluntad de Dios, Jesús obedeció todos los
mandamientos del Padre: “Si guardáis mis mandamientos,
permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan
15:10; comparar 14:31).
Si
deseamos seguir los pasos de Jesús y saber lo que Él haría,
también nosotros debemos obedecer a Dios. Debemos seguir
sus mandamientos y hacer Su voluntad en lugar de la nuestra. ¿Estamos
sinceramente comprometidos a obedecer totalmente la voluntad
de Dios en nuestras vidas? “Sólo el que hace la voluntad
de Dios entrará en el Reino de los cielos” (Mateo 7:21;
Hebreos 10:36). “el
que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1
Juan 2:17).
Tercero, Jesús
vivió para hacer la obra de Dios. La
mayoría de nosotros estamos totalmente inmersos en
nuestras agendas, planes, propósitos, y sueños. Jesús
mantuvo el trabajo del Señor claramente delante de Él. Él
afirmó, “Mi
comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar
a cabo su obra” (Juan
4:34; comparar 10:37-38). Él dijo, “Nosotros
debemos hacer las obras del que me envió mientras es
de día” (Juan
9:4). A lo largo de su vida, Jesús hizo de la obra
de Dios, su prioridad. Al final de Su vida, pudo decir
que Él había culminado el trabajo que Dios le había
encargado hacer (Juan 17:4).
Aunque
Jesús tenía un trabajo especial que hacer, que era morir
por nuestros pecados, nosotros también tenemos un trabajo
que hacer para Dios en la vida. Pablo enfatiza lo siguiente: “estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo
que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1
Corintios 15:58). Cada uno de nosotros debe trabajar
para Dios en su vida diaria.
¿Estamos
atrapados en los afanes mundanos de la vida y las distracciones
del mundo de modo que perdemos la visión de la obra de
Dios? (Marcos 4:18-19; Lucas 21:34) ¿Podemos asumir que
hemos sido colocados aquí para divertirnos, para disfrutar,
y buscar placeres pasajeros? (Hebreos 10:25) No, hemos
sido colocados en la tierra para llevar a cabo el trabajo
de Dios—sirviéndolo, bendiciendo la vida de otros, y trayendo
a otros hacia Él.
Cuarto, Jesús
sabía que Él iba a estar con Dios. Su
mirada apuntaba hacia el cielo. En lugar de buscar
preservar su vida en la tierra, Jesús se concentró constantemente
en Su hogar celestial y Su destino celestial. Él dijo, “de
nuevo, dejo el mundo y voy al Padre” (Juan 16:28; comparar 13:3; 16:10; 14:2-3); “Por
un poco más de tiempo estoy con vosotros; después voy
al que me envió” (Juan
7:33). Aquellos que siguen los pasos de Jesús tendrán
la misma perspectiva. Pablo deja este enfoque celestial
en claro: “Si
habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas
de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de
Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las
de la tierra” (Colosenses
3:1-2).
¿Estamos
tan ocupados en los asuntos de nuestra vida diaria que
perdemos nuestro enfoque celestial? ¿Fijamos nuestras
mentes en “las cosas de la tierra” (Filipenses 3:19)
o “en las cosas de arriba”? ¿Pensamos en los placeres en
la tierra o en los placeres del cielo? ¿Nos hacemos tesoros
en la tierra o en el cielo? (Mateo 6:19-21) ¿Pensamos y
hablamos de las cosas del mundo o de las cosas de Dios? ¿Amamos
al mundo o amamos a Dios que está en el cielo? (1 Juan
2:15-17)
Finalmente, Jesús
vivió para dar Gloria a Dios. En
todo lo que Él pensó, dijo, e hizo, Jesús quería que
el Padre fuera glorificado (Juan 7:18; 13:31; 14:13;
17:1). Al final de su vida, Él oró al Padre, “Yo
te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra
que me diste que hiciera” (Juan
17:4). Del mismo modo que el Señor Jesús glorificó a
Dios, nosotros también debemos darle gloria. Pablo
dice, “glorificad
a Dios en vuestro cuerpo” (1
Corintios 6:20). ¿Cuánto debemos glorificar a Dios? Pablo
responde, “ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis
cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de
Dios” (1 Corintios 10:31). Pedro también dice que “en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (1
Pedro 4:11; comparar Romanos 11:36; Efesios 3:21).
Generalmente
buscamos nuestra propia gloria (Juan 7:18) o la gloria
para otros (Juan 5:44) en lugar de buscar la gloria sólo
para Dios, a través de Jesucristo. Nos orientamos hacia
nosotros mismos en lugar de orientarnos hacia Dios. Nos
centramos en nosotros mismos en lugar de centrarnos en
Dios. Estamos muy consumidos en nuestras necesidades, nuestros
deseos y nuestros placeres en lugar de buscar traer honor,
alabanza y gloria a nuestro bendito Dios.
Sí,
Jesús vivió para agradar a Dios, obedecer a Dios, hacer
el trabajo de Dios, regresar a Dios, y glorificar a Dios. ¿Cómo
llevó a cabo Él estas perspectivas?
¿Qué hizo
Jesús?
A medida
que leemos en los evangelios y el resto del Nuevo Testamento
aprendemos mucho más acerca de lo que hizo Jesús. Tome
en cuenta los siguientes detalles de su vida (y contraste
con los pasajes bíblicos):
· Jesús
iba haciendo el bien (Hechos 10:38).
· Jesús
estaba lleno de compasión (Mateo 9:36).
· Jesús
lloró con los que lloraban (Juan 11:33-36).
· Jesús
se privó de comida cuando era necesario (Marcos 3:20).
· Jesús
se privaba de sueño cuando era necesario (Lucas 6:12).
· Jesús
sabía trabajar (Marcos 6:3).
· Jesús
oraba continuamente al Padre (Marcos 1:35).
· Jesús
conocía bien las Escrituras (Mateo 4:4, 7, 10).
· Jesús
vino para servir a Dios y a los demás (Mateo 20:28).
· Jesús
se humilló a sí mismo hasta el punto de la muerte (Filipenses
2:5-8).
· Jesús
sanó a los enfermos (Mateo 4:23-24).
· Jesús
enseñaba en la sinagoga (Mateo 4:24).
· Jesús
enseñaba a las multitudes (Mateo 12:46).
· Jesús
proclamaba el evangelio (Mateo 9:35).
· Jesús
bendecía a los pecadores arrepentidos (Lucas 7:37-50).
· Jesús
aconsejó a los religiosos (Juan 3:1-15).
· Jesús
aconsejó a los pecadores (Juan 4:3-26).
· Jesús
ayudó a la gente a interesarse en las más altas prioridades
(Lucas 10:38-42).
· Jesús
tuvo compañerismo con sus discípulos (Marcos 3:14).
· Jesús
trató a las mujeres con respeto (Lucas 8:1-3).
· Jesús
se preocupaba por las necesidades de las personas (Mateo
14:15-21).
· Jesús
enfrentó la hipocresía con osadía (Mateo 22:18).
· Hubo
veces en que Jesús pasó tiempo a solas con Dios (Mateo
14:23).
· Jesús
sabía cuando hablar (Juan 18:33-38).
· Jesús
sabía cuando guardar silencio (Juan 19:8-9).
Hay muchos otros pasajes bíblicos que como éstos nos permiten observar
a profundidad el carácter y estilo de vida de Jesús. Aunque
no podamos seguirlo en todos los aspectos (ya que Él es
el mismo Hijo de Dios), podemos imitarlo en muchas otras
formas.
¿Cómo
podemos aplicar esto personalmente?
Hemos
descubierto la perspectiva de Jesús sobre la vida y cómo
vivió. Si vamos a seguir sus pasos, debemos buscar responder
la pregunta, “¿Qué haría Jesús?” Es cierto que nuestro
Señor nunca manejó un carro, nunca fue a la universidad,
nunca usó un reloj despertador, una computadora, ni una
sierra eléctrica. El nunca usó un bolígrafo, nunca pedaleó una
bicicleta, nunca abrió una lata de comida, y probablemente
nunca montó un caballo en su vida. Sin embargo, ya que
conocemos ciertos principios en su vida y hemos descubierto
cómo vivió, estamos preparados para saber cómo viviría Él
si estuviera físicamente entre nosotros el día de hoy.
Debemos usar lo que hemos aprendido y hacer algunas aplicaciones
prácticas.
Preguntémonos, “¿Qué haría
Jesús?,” con relación a las siguientes actividades.
Examínese a sí mismo en estas actividades. ¿Haría
usted lo que Jesús haría?
¿Haría
Jesús lo siguiente?. . .
· ¿Usaría
palabras profanas? (Colosenses 3:8)
· ¿Se
molestaría egoístamente? (Mateo 5:22; Efesios 5:31)
· ¿Diría
una mentira? (Colosenses 3:9)
· ¿Miraría
con ojos indecentes a una mujer? (Mateo 5:27-28)
· ¿Oraría
al Padre regularmente? (Lucas 18:1)
· ¿Leería
la Biblia todos los días? (Mateo 4:4)
· ¿Se
avergonzaría de hablar de Dios? (Marcos 8:38)
· ¿Buscaría
ser rico? (1 Timoteo 6:9-10)
· ¿Se
vestiría inmodestamente o provocativamente? (1 Timoteo
2:9-10)
· ¿Se
divorciaría egoístamente de su esposa? (Lucas 16:18)
· ¿Se
volvería a casar después de divorciarse? (Mateo 19:9)
· ¿Se
drogaría? (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21)
· ¿Fumaría
cigarros? (Romanos 12:1; 1 Corintios 6:20)
· ¿Usaría
palabras amables y de ayuda? (Efesios 4:29)
· ¿Se
preocuparía por las personas y sería amable con ellos?
(Mateo 5:5,7)
· ¿Trataría
a los pobres con respeto? (Lucas 16:19-20; 21:1-4)
· ¿Vería
pornografía? (2 Timoteo 2:22)
· ¿Jugaría
juegos tontos de computadora? (Tito 3:3)
· ¿Vería
programas pecaminosos de televisión? (1 Pedro 2:11)
· ¿Vería
películas pecaminosas de Hollywood? (Filipenses 4:8)
· ¿Poseería
un carro lujoso? (1 Juan 2:16-17)
· ¿Desperdiciaría
su tiempo precioso? (Efesios 5:15-16)
· ¿Desperdiciaría
sus posesiones valiosas? (Juan 6:12)
· ¿Desperdiciaría
el dinero que Dios le ha dado? (Lucas 16:10)
· ¿Escucharía
música rock, salsa, o rap? (Filipenses 4:8)
· ¿Buscaría
una educación mundana? (1 Corintios 3:19-20)
· ¿Comería
mucho o comería comidas dañinas? (1 Corintios 10:31)
· ¿Conduciría
en forma rápida y descuidada? (Romanos 13:1-2)
· ¿Pagaría
impuestos y observaría los reglamentos civiles? (Romanos
13:6-7)
· ¿Jugaría
a la lotería o apostaría de otras formas? (Lucas 6:31)
· ¿Dormiría
mucho? (Romanos 12:11; Hebreos 6:12)
· ¿Leería
literatura tonta y pecaminosa? (Romanos 12:2)
· ¿Tendría
un trabajo que comprometa su fe con el pecado? (1 Tesalonicenses
5:22)
· ¿Buscaría
una casa y muebles lujosos? (Lucas 12:15-21)
· ¿Caería
en homosexualidad? (Romanos 1:26-27)
· ¿Acumularía
dinero en el banco? (Mateo 6:19-21)
· ¿Pasaría
un día en un parque de diversiones? (1 Juan 2:15-17)
· ¿Estaría
más interesado en dar que en recibir? (Hechos 20:35)
· ¿Expresaría
amor hacia aquellos que están en necesidad? (Lucas 10:25-37)
· ¿Perdonaría
a aquellos que pecan en contra de nosotros? (Mateo 18:21-35)
· ¿Rechazaría
a aquellos que pecan? (Lucas 17:3)
¿Qué hay
de nosotros?
¿Cómo
hemos respondido las preguntas anteriores? Ojalá usted
haya podido “juzgar correctamente” y determinar qué haría
Jesús en cada caso (Juan 7:24). Ahora, quisiéramos preguntarle
personalmente: “¿Qué haría usted?” ¿Qué haría yo? ¿Cómo
podemos confrontar miles de situaciones en la vida que
requieren que nosotros diferenciemos entre tantas alternativas? ¿Estamos
siendo cuidadosos en hacer lo que Jesús haría—o comprometemos
nuestra fe y hacemos lo que nuestra carne, nuestro corazón,
nuestro cuerpo busca? Lo que es peor, ¿nos interesa en
algo lo que haría Jesús? ¿Queremos deshonestamente que
se nos identifique con Jesús pero tenemos muy poco o ningún
interés en seguirlo en forma práctica? Considere por un
momento estas situaciones o actividades comprometedoras:
· ¿Si
Jesús no usaría un mal lenguaje, usará usted un mal lenguaje?
· ¿Si
Jesús no malgastaría su dinero, usará usted descuidadamente
su dinero?
· ¿Si
Jesús no tocaría con malas intenciones a una persona del
sexo opuesto, lo hará usted?
· ¿Si
Jesús no participaría en deportes competitivos y violentos,
se animará usted a seguir o mirar estos deportes?
· ¿Si
Jesús no usaría ropa reveladora o costosa, usará usted
ropas inmodestas?
· ¿Si
Jesús no trataría a las personas irrespetuosamente, será usted
poco amable e indiferente con algunas personas?
· ¿Si
Jesús honró a sus padres, honrará usted a sus padres?
· ¿Si
Jesús usó y amó la Biblia, está usted dispuesto a hacer
lo mismo?
· ¿Si
Jesús no fumaría ni usaría tabaco, caerá usted a veces
en este hábito sucio?
· ¿Si
Jesús no leería literatura sucia, leerá usted este tipo
de revistas, libros, fotos, o periódicos?
· ¿Si
Jesús no miraría lo mundano en la televisión, se dedicará usted
a este pasatiempo popular?
· ¿Si
Jesús denunció la hipocresía religiosa en Su tiempo, expondrá usted
la hipocresía que existe en las iglesias que usted conoce?
· ¿Si
los pensamientos de Jesús fueron enteramente puros, pensará usted
en cosas puras o mundanas?
· ¿Si
Jesús tenía un deseo ardiente de amar y servir a Dios,
tendrá usted una pasión similar?
¿Qué hay de nosotros? Nos preguntamos, “¿Qué haría Jesús?” ¿Realmente
queremos responder? ¿Actuamos como si Jesús nunca hubiera
vivido o nunca hubiera enseñado la voluntad de Dios?
Un
requisito vital
Cuando
se menciona este tema de seguir las pisadas de Jesús, la
mayoría de personas pasan por alto un detalle muy importante
que es la clave para todo lo que hemos estado discutiendo.
A fin de seguir verdaderamente los pasos de Jesús, debemos ¡pertenecerle! ¡Debemos
convertirnos en sus seguidores! ¡Debemos identificarnos
con Él!
¿Qué queremos
decir con esto? Mientras permanezcamos en nuestros pecados,
estamos separados de Dios. Si nunca hemos sido perdonados
de nuestros tantos pecados, estamos perdidos y separados
de Dios. ¡Esta es la razón por la que Jesús vino a esta
tierra! Él vino a morir por nuestros pecados para que nosotros
fuéramos perdonados. “Él
mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz” y “murió por los pecados
una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos
a Dios” (1 Pedro 2:24; 3:18). Porque
el Señor Jesús se entregó a sí mismo por nuestros pecados,
podemos ser perdonados y tener una relación salvadora con
Dios a través de Él (Romanos 5:9-11).
Además,
Jesús dijo que así como hemos nacido físicamente, así tenemos
que nacer espiritualmente y convertirnos en hijo o hija
de la familia espiritual de Dios (Juan 3:3-16; 1 Juan 3:1-2).
Podemos recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones
(Efesios 1:13) y a través de este maravilloso regalo, tenemos
el poder y la fuerza de vivir delante de
Dios en santidad y rectitud (Efesios 3:16). Por lo tanto,
Pablo escribe, “Porque
la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta
en el Espíritu es vida y paz.
. . . porque
si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si
por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos
8:6,13). Podemos
llegar a ser nuevas criaturas en Cristo Jesús (2 Corintios
5:17) y vestirnos “del nuevo hombre, el cual, en la
semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y
santidad de la verdad” (Efesios 4:24; comparar Colosenses
3:9-10).
Una
vez que hemos sido perdonados de todos nuestros pecados,
que hemos sido hechos nuevas personas en Cristo, y tenemos
al Espíritu Santo de Dios viviendo en nosotros, entonces
tenemos la habilidad o la fuerza de vivir como Jesús vivió. Podemos
preguntarnos, “¿Qué haría Jesús?” Dios trabajará en
nosotros, “Dios
es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer,
para su beneplácito” (Filipenses
2:13). Lejos de esta fuerza interna y transformación espiritual,
no podremos caminar plenamente siguiendo los pasos de Jesús
en forma práctica en nuestras vidas. Hasta podremos luchar
contra algunas cosas que Él enseñó y oponernos a lo que Él
quisiera en nuestras vidas.
Pero, ¿cómo podemos venir a Dios a través de Jesucristo? En profundo
pesar y dolor, debemos renunciar a todos nuestros pecados.
Debemos arrepentirnos de ellos y alejarnos de ellos (ver Hechos
3:19,26; 17:30-31; 26:18,20). Debemos abandonar todo pecado
o relación pecaminosa que tenemos ahora (1 Tesalonicenses
1:9; Proverbios 28:13). Debemos regresar a Dios y acercarnos
al Señor Jesucristo (Hechos 16:31; Juan 3:15-18), colocando
nuestra fe en el Cristo que murió y resucitó por nosotros
(Romanos 3:24-26; 5:1). No nos salvamos por nuestra propia
habilidad u obras, sino por el amor y la gracia de Dios
para con nosotros (Efesios 2:8-10). La Biblia también dice
que debemos confesar con nuestra boca que Jesús es quien
gobierna nuestra vida (Romanos 10:9-10) y determinarnos
a dejarlo gobernar todos los aspectos de nuestra vida (Lucas
6:46). A medida que venimos a Cristo en fe, debemos expresar
este acercamiento mediante el bautismo en Cristo (Gálatas
3:26-27) y en su muerte (Romanos 6:3-8), ser enterrados
con Él a través del bautismo en nuestra propia muerte al
pecado y luego levantarnos a caminar en una nueva vida
(Romanos 6:3-5). Todos nuestros pecados pueden ser perdonados
y podemos recibir el precioso don de Dios, el Espíritu
Santo (Hechos 2:38-41; 22:16)! ¡Entonces podremos vivir
como Jesús vivió en compañerismo con Dios!
¿Qué haría
Jesús?
¿Qué haría
Jesús? ¡Es una buena pregunta! ¡Hagámosla a
menudo! Busquemos conocer verdaderamente cómo piensa el
Señor, a través de su Palabra escrita (la Biblia). Busquemos
discernir cómo los apóstoles y otros seguidores de Jesús
vivirían si caminaran entre nosotros hoy en día (ver 1
Corintios 11:1; 1 Tesalonicenses 1:6; Filipenses 3:17;
4:9). Si conocemos verdaderamente a Jesús, debemos seguir
sus pasos y hacer su voluntad (1 Juan 2:3-6). Si aun no
lo conoce personalmente y no es uno de sus discípulos,
ahora es el momento de venir a Él. Jesús dijo, “Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan
8:31-32).
¿Si
usted desea aprender más sobre Jesús y seguirlo como verdadero
discípulo, por favor escriba para recibir gratuitamente
los folletos, Naufragio hacia la salvación, y el Camino
Romano hacia la Redención.
Richard
Hollerman
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