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 ¿QUE HARÍA JESÚS?

  ¿Está usted realmente siguiendo
los pasos de Jesús?

  Prefacio

 

La mayoría de las personas en nuestra sociedad se interesa mucho en la opinión y estilo de vida de las personalidades de la televisión, estrellas de cine, figuras deportivas, artistas musicales, y otras celebridades. Quieren saber de ellos y ser como ellos. Hasta quieren vestirse como ellos, manejar el mismo tipo de carro, usar el mismo tipo de pasta dental, usar el mismo tipo de peinado, y adoptar los mismos puntos de vista políticos y sociales. Ya sea consciente o inconscientemente, imitan a aquellos a quienes admiran y por quienes sienten devoción.  

Por el contrario, aun cristiano no le interesa seguir a estas personalidades del mundo sino que está vitalmente interesado en seguir al Señor Jesucristo, a quien sirve. Ya que Cristo ha muerto por el creyente, lo ha rescatado del pecado y del infierno, y ahora tiene autoridad en el cielo y en la tierra, el creyente busca seguir sus pasos y hacer Su voluntad. En este sentido, vale preguntarse, “¿Qué haría Jesús?”  

¿Cuál es su perspectiva? ¿Está usted interesado en seguir a aquellos a quienes el mundo admira y exalta, o está usted determinado a seguir al Señor y Salvador quien lo ama y desea que esté con Él para siempre? ¡No podemos hacer ambas cosas a la vez! Debemos escoger entre uno o el otro. ¿Cuál es su propósito en la vida? ¿Desea usted saber cómo vivió Jesús mientras estaba en la tierra y cómo viviría Él el día de hoy si aun estuviera en la tierra? Lo invitamos a leer este pequeño libro que le ayudará a responder esta profunda pregunta, “¿Qué haría Jesús?”  

¿QUE HARÍA JESÚS?  

            Esta es una pregunta que se repite cada vez más en la actualidad. Se usa en polos, muñequeras, bandas para la cabeza, mochilas, y otros artículos: “¿Qué haría Jesús?”  Este título nos hace referencia al volumen escrito por Charles Sheldon en 1897, Siguiendo sus pasos. El libro de ciencia-ficción que ha vendido más de 15 millones de copias, cuenta la historia de personas que se preguntaron, “¿Qué haría Jesús?,” antes de tomar cualquier decisión en su vida. Años más tarde, apareció una continuación del libro original, con el título correspondiente, ¿Qué haría Jesús?  

¡Buena pregunta!  

            Esta es una buena pregunta y está respaldada por la Biblia.  Pablo escribe, “Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). ¡Deberíamos aspirar a seguir los pasos de Jesús! Pablo escribió, “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1 Tesalonicenses 1:6; comparar 1 Corintios 11:1). Debemos “imitar” al Señor Jesús y su vida perfecta. Juan el apóstol también escribió, “El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo” (1 Juan 2:6).  Debemos “andar” o vivir como Jesús vivió. Por tanto, es cierto que debemos “andar como Él anduvo” y preguntarnos, “¿Qué haría Jesús?”  

            Si vamos a mantener este valioso deseo, debemos averiguar cómo caminó Jesús. Debemos tener una comprensión clara de cómo vivió Él, día a día durante su vida en la tierra. ¿Cómo podemos descubrir esto en la Palabra de Dios?  

¿Cómo vivió Jesús?  

            Primero, Jesús vivió para agradar a Dios. Él pudo decir, “yo siempre hago lo que le agrada” (Juan 8:29). Pablo añade “ni aun Cristo se agradó a sí mismo” (Romanos 15:3). Jesús agradó a Dios su Padre en lugar de agradarse a Sí mismo. De hecho, Dios reconoció, “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mateo 17:5). Nosotros también debemos agradar a Dios y a Cristo. Debemos examinar “qué es lo que agrada al Señor” (Efesios 5:10). “Ambicionamos serle agradables” (2 Corintios 5:9; comparar Colosenses 1:10).  

            Si estamos seriamente comprometidos a seguir los pasos de Jesús y preguntar, “¿Qué haría Jesús?,” debemos decidirnos a agradar a Dios en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. Debemos estar dispuestos a decir No a nosotros mismos y Sí a Dios en todas las cosas. Debemos estar dispuestos a agradar a Dios aun si esto significa negarnos a nosotros mismos, nuestros deseos, nuestros intereses, y nuestros placeres en la vida (Marcos 8:34; 2 Corintios 5:14-15).  

            Segundo, Jesús vivió para obedecer a Dios. Cristo Jesús sabía que Él no podría agradar a Dios a menos que le obedeciera.  Este era el propósito que Jesús ansiaba más en la vida. Él declaró claramente, “no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 5:30). Esta fue la motivación para su venida a la tierra: “he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Al hacer la voluntad de Dios, Jesús obedeció todos los mandamientos del Padre: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:10; comparar 14:31).  

            Si deseamos seguir los pasos de Jesús y saber lo que Él haría, también nosotros debemos obedecer a Dios. Debemos seguir sus mandamientos y hacer Su voluntad en lugar de la nuestra. ¿Estamos sinceramente comprometidos a obedecer totalmente la voluntad de Dios en nuestras vidas? “Sólo el que hace la voluntad de Dios entrará en el Reino de los cielos” (Mateo 7:21; Hebreos 10:36).  “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).  

            Tercero, Jesús vivió para hacer la obra de Dios. La mayoría de nosotros estamos totalmente inmersos en nuestras agendas, planes, propósitos, y sueños. Jesús mantuvo el trabajo del Señor claramente delante de Él. Él afirmó, “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Juan 4:34; comparar 10:37-38). Él dijo, “Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día” (Juan 9:4). A lo largo de su vida, Jesús hizo de la obra de Dios, su prioridad. Al final de Su vida, pudo decir que Él había culminado el trabajo que Dios le había encargado hacer (Juan 17:4).  

            Aunque Jesús tenía un trabajo especial que hacer, que era morir por nuestros pecados, nosotros también tenemos un trabajo que hacer para Dios en la vida. Pablo enfatiza lo siguiente: “estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).  Cada uno de nosotros debe trabajar para Dios en su vida diaria.  

            ¿Estamos atrapados en los afanes mundanos de la vida y las distracciones del mundo de modo que perdemos la visión de la obra de Dios? (Marcos 4:18-19; Lucas 21:34) ¿Podemos asumir que hemos sido colocados aquí para divertirnos, para disfrutar, y buscar placeres pasajeros? (Hebreos 10:25) No, hemos sido colocados en la tierra para llevar a cabo el trabajo de Dios—sirviéndolo, bendiciendo la vida de otros, y trayendo a otros hacia Él.

            Cuarto, Jesús sabía que Él iba a estar con Dios. Su mirada apuntaba hacia el cielo. En lugar de buscar preservar su vida en la tierra, Jesús se concentró constantemente en Su hogar celestial y Su destino celestial. Él dijo, “de nuevo, dejo el mundo y voy al Padre” (Juan 16:28; comparar 13:3; 16:10; 14:2-3); “Por un poco más de tiempo estoy con vosotros; después voy al que me envió” (Juan 7:33). Aquellos que siguen los pasos de Jesús tendrán la misma perspectiva. Pablo deja este enfoque celestial en claro: “Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2).  

            ¿Estamos tan ocupados en los asuntos de nuestra vida diaria que perdemos nuestro enfoque celestial?  ¿Fijamos nuestras mentes en “las cosas de la tierra” (Filipenses  3:19) o “en las cosas de arriba”? ¿Pensamos en los placeres en la tierra o en los placeres del cielo? ¿Nos hacemos tesoros en la tierra o en el cielo? (Mateo 6:19-21) ¿Pensamos y hablamos de las cosas del mundo o de las cosas de Dios? ¿Amamos al mundo o amamos a Dios que está en el cielo? (1 Juan 2:15-17)  

            Finalmente, Jesús vivió para dar Gloria a Dios.  En todo lo que Él pensó, dijo, e hizo, Jesús quería que el Padre fuera glorificado (Juan 7:18; 13:31; 14:13; 17:1). Al final de su vida, Él oró al Padre, “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera” (Juan 17:4). Del mismo modo que el Señor Jesús glorificó a Dios, nosotros también debemos darle gloria. Pablo dice,  “glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:20). ¿Cuánto debemos glorificar a Dios? Pablo responde, “ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Pedro también dice que “en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (1 Pedro 4:11; comparar Romanos 11:36; Efesios 3:21).  

            Generalmente buscamos nuestra propia gloria (Juan 7:18) o la gloria para otros (Juan 5:44) en lugar de buscar la gloria sólo para Dios, a través de Jesucristo. Nos orientamos hacia nosotros mismos en lugar de orientarnos hacia Dios. Nos centramos en nosotros mismos en lugar de centrarnos en Dios. Estamos muy consumidos en nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros placeres en lugar de buscar traer honor, alabanza y gloria a nuestro bendito Dios.  

            Sí, Jesús vivió para agradar a Dios, obedecer a Dios, hacer el trabajo de Dios, regresar a Dios, y glorificar a Dios. ¿Cómo llevó a cabo Él estas perspectivas?  

¿Qué hizo Jesús?  

            A medida que leemos en los evangelios y el resto del Nuevo Testamento aprendemos mucho más acerca de lo que hizo Jesús. Tome en cuenta los siguientes detalles de su vida (y contraste con los pasajes bíblicos):

 

·         Jesús iba haciendo el bien (Hechos 10:38).

·         Jesús estaba lleno de compasión (Mateo 9:36).

·         Jesús lloró con los que lloraban (Juan 11:33-36).

·         Jesús se privó de comida cuando era necesario (Marcos 3:20).

·         Jesús se privaba de sueño cuando era necesario (Lucas 6:12).

·         Jesús sabía trabajar (Marcos 6:3).

·         Jesús oraba continuamente al Padre (Marcos 1:35).

·         Jesús conocía bien las Escrituras (Mateo 4:4, 7, 10).

·         Jesús vino para servir a Dios y a los demás (Mateo 20:28).

·         Jesús se humilló a sí mismo hasta el punto de la muerte (Filipenses 2:5-8).

·         Jesús sanó a los enfermos (Mateo 4:23-24).

·         Jesús enseñaba en la sinagoga (Mateo 4:24).

·         Jesús enseñaba a las multitudes (Mateo 12:46).

·         Jesús proclamaba el evangelio (Mateo 9:35).

·         Jesús bendecía a los pecadores arrepentidos (Lucas 7:37-50).

·         Jesús aconsejó a los religiosos (Juan 3:1-15).

·         Jesús aconsejó a los pecadores (Juan 4:3-26).

·         Jesús ayudó a la gente a interesarse en las más altas prioridades (Lucas 10:38-42).

·         Jesús tuvo compañerismo con sus discípulos (Marcos 3:14).

·         Jesús trató a las mujeres con respeto (Lucas 8:1-3).

·         Jesús se preocupaba por las necesidades de las personas (Mateo 14:15-21).

·         Jesús enfrentó la hipocresía con osadía (Mateo 22:18).

·         Hubo veces en que Jesús pasó tiempo a solas con Dios (Mateo 14:23).

·         Jesús sabía cuando hablar (Juan 18:33-38).

·         Jesús sabía cuando guardar silencio (Juan 19:8-9).  

Hay muchos otros pasajes bíblicos que como éstos nos permiten observar a profundidad el carácter y estilo de vida de Jesús. Aunque no podamos seguirlo en todos los aspectos (ya que Él es el mismo Hijo de Dios), podemos imitarlo en muchas otras formas.  

¿Cómo podemos aplicar esto personalmente?  

            Hemos descubierto la perspectiva de Jesús sobre la vida y cómo vivió. Si vamos a seguir sus pasos, debemos buscar responder la pregunta, “¿Qué haría Jesús?” Es cierto que nuestro Señor nunca manejó un carro, nunca fue a la universidad, nunca usó un reloj despertador, una computadora, ni una sierra eléctrica. El nunca usó un bolígrafo, nunca pedaleó una bicicleta, nunca abrió una lata de comida, y probablemente nunca montó un caballo en su vida. Sin embargo, ya que conocemos ciertos principios en su vida y hemos descubierto cómo vivió, estamos preparados para saber cómo viviría Él si estuviera físicamente entre nosotros el día de hoy. Debemos usar lo que hemos aprendido y hacer algunas aplicaciones prácticas.  

            Preguntémonos, “¿Qué haría Jesús?,” con relación a las siguientes actividades. Examínese a sí mismo en estas actividades. ¿Haría usted lo que Jesús haría?  

¿Haría Jesús lo siguiente?. . .  

·         ¿Usaría palabras profanas? (Colosenses 3:8)

·         ¿Se molestaría egoístamente? (Mateo 5:22; Efesios 5:31)

·         ¿Diría una mentira? (Colosenses 3:9)

·         ¿Miraría con ojos indecentes a una mujer? (Mateo 5:27-28)

·         ¿Oraría al Padre regularmente? (Lucas 18:1)

·         ¿Leería la Biblia todos los días? (Mateo 4:4)

·         ¿Se avergonzaría de hablar de Dios? (Marcos 8:38)

·         ¿Buscaría ser rico? (1 Timoteo 6:9-10)

·         ¿Se vestiría inmodestamente o provocativamente? (1 Timoteo 2:9-10)

·         ¿Se divorciaría egoístamente de su esposa? (Lucas 16:18)

·         ¿Se volvería a casar después de divorciarse? (Mateo 19:9)

·         ¿Se drogaría? (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21)

·         ¿Fumaría cigarros? (Romanos 12:1; 1 Corintios 6:20)

·         ¿Usaría palabras amables y de ayuda? (Efesios 4:29)

·         ¿Se preocuparía por las personas y sería amable con ellos? (Mateo 5:5,7)

·         ¿Trataría a los pobres con respeto? (Lucas 16:19-20; 21:1-4)

·         ¿Vería pornografía? (2 Timoteo 2:22)

·         ¿Jugaría juegos tontos de computadora? (Tito 3:3)

·         ¿Vería programas pecaminosos de televisión? (1 Pedro 2:11)

·         ¿Vería películas pecaminosas de Hollywood? (Filipenses 4:8)

·         ¿Poseería un carro lujoso? (1 Juan 2:16-17)

·         ¿Desperdiciaría su tiempo precioso? (Efesios 5:15-16)

·         ¿Desperdiciaría sus posesiones valiosas? (Juan 6:12)

·         ¿Desperdiciaría el dinero que Dios le ha dado? (Lucas 16:10)

·         ¿Escucharía música rock, salsa, o rap? (Filipenses 4:8)

·         ¿Buscaría una educación mundana? (1 Corintios 3:19-20)

·         ¿Comería mucho o comería comidas dañinas? (1 Corintios 10:31)

·         ¿Conduciría en forma rápida y descuidada? (Romanos 13:1-2)

·         ¿Pagaría impuestos y observaría los reglamentos civiles? (Romanos 13:6-7)

·         ¿Jugaría a la lotería o apostaría de otras formas? (Lucas 6:31)

·         ¿Dormiría mucho? (Romanos 12:11; Hebreos 6:12)

·         ¿Leería literatura tonta y pecaminosa? (Romanos 12:2)

·         ¿Tendría un trabajo que comprometa su fe con el pecado? (1 Tesalonicenses 5:22)

·         ¿Buscaría una casa y muebles lujosos? (Lucas 12:15-21)

·         ¿Caería en homosexualidad? (Romanos 1:26-27)

·         ¿Acumularía dinero en el banco? (Mateo 6:19-21)

·         ¿Pasaría un día en un parque de diversiones? (1 Juan 2:15-17)

·         ¿Estaría más interesado en dar que en recibir? (Hechos 20:35)

·         ¿Expresaría amor hacia aquellos que están en necesidad? (Lucas 10:25-37)

·         ¿Perdonaría a aquellos que pecan en contra de nosotros? (Mateo 18:21-35)

·         ¿Rechazaría a aquellos que pecan? (Lucas 17:3)  

¿Qué hay de nosotros?  

¿Cómo hemos respondido las preguntas anteriores?  Ojalá usted haya podido “juzgar correctamente” y determinar qué haría Jesús en cada caso (Juan 7:24). Ahora, quisiéramos preguntarle personalmente: “¿Qué haría usted?” ¿Qué haría yo? ¿Cómo podemos confrontar miles de situaciones en la vida que requieren que nosotros diferenciemos entre tantas alternativas? ¿Estamos siendo cuidadosos en hacer lo que Jesús haría—o comprometemos nuestra fe y hacemos lo que nuestra carne, nuestro corazón, nuestro cuerpo busca? Lo que es peor, ¿nos interesa en algo lo que haría Jesús? ¿Queremos deshonestamente que se nos identifique con Jesús pero tenemos muy poco o ningún interés en seguirlo en forma práctica? Considere por un momento estas situaciones o actividades comprometedoras:  

·         ¿Si Jesús no usaría un mal lenguaje, usará usted un mal lenguaje?

·         ¿Si Jesús no malgastaría su dinero, usará usted descuidadamente su dinero?

·         ¿Si Jesús no tocaría con malas intenciones a una persona del sexo opuesto, lo hará usted?

·         ¿Si Jesús no participaría en deportes competitivos y violentos, se animará usted a seguir o mirar estos deportes?

·         ¿Si Jesús no usaría ropa reveladora o costosa, usará usted ropas inmodestas?

·         ¿Si Jesús no trataría a las personas irrespetuosamente, será usted poco amable e indiferente con algunas personas?

·         ¿Si Jesús honró a sus padres, honrará usted a sus padres?

·         ¿Si Jesús usó y amó la Biblia, está usted dispuesto a hacer lo mismo?

·         ¿Si Jesús no fumaría ni usaría tabaco, caerá usted a veces en este hábito sucio?

·         ¿Si Jesús no leería literatura sucia, leerá usted este tipo de revistas, libros, fotos, o periódicos?

·         ¿Si Jesús no miraría lo mundano en la televisión, se dedicará usted a este pasatiempo popular?

·         ¿Si Jesús denunció la hipocresía religiosa en Su tiempo, expondrá usted la hipocresía que existe en las iglesias que usted conoce?

·         ¿Si los pensamientos de Jesús fueron enteramente puros, pensará usted en cosas puras o mundanas?

·         ¿Si Jesús tenía un deseo ardiente de amar y servir a Dios, tendrá usted una pasión similar?  

¿Qué hay de nosotros? Nos preguntamos, “¿Qué haría Jesús?” ¿Realmente queremos responder? ¿Actuamos como si Jesús nunca hubiera vivido o nunca hubiera enseñado la voluntad de Dios?  

Un requisito vital  

Cuando se menciona este tema de seguir las pisadas de Jesús, la mayoría de personas pasan por alto un detalle muy importante que es la clave para todo lo que hemos estado discutiendo. A fin de seguir verdaderamente los pasos de Jesús, debemos ¡pertenecerle! ¡Debemos convertirnos en sus seguidores!  ¡Debemos identificarnos con Él!  

¿Qué queremos decir con esto? Mientras permanezcamos en nuestros pecados, estamos separados de Dios. Si nunca hemos sido perdonados de nuestros tantos pecados, estamos perdidos y separados de Dios. ¡Esta es la razón por la que Jesús vino a esta tierra! Él vino a morir por nuestros pecados para que nosotros fuéramos perdonados. “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz” y “murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 2:24; 3:18). Porque el Señor Jesús se entregó a sí mismo por nuestros pecados, podemos ser perdonados y tener una relación salvadora con Dios a través de Él (Romanos 5:9-11).  

Además, Jesús dijo que así como hemos nacido físicamente, así tenemos que nacer espiritualmente y convertirnos en hijo o hija de la familia espiritual de Dios (Juan 3:3-16; 1 Juan 3:1-2). Podemos recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones (Efesios 1:13) y a través de este maravilloso regalo, tenemos el poder y la fuerza de vivir delante de Dios en santidad y rectitud (Efesios 3:16). Por lo tanto, Pablo escribe, “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. . . . porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:6,13). Podemos llegar a ser nuevas criaturas en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17) y vestirnos “del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24; comparar Colosenses 3:9-10).  

Una vez que hemos sido perdonados de todos nuestros pecados, que hemos sido hechos nuevas personas en Cristo, y tenemos al Espíritu Santo de Dios viviendo en nosotros, entonces tenemos la habilidad o la fuerza de vivir como Jesús vivió. Podemos preguntarnos, “¿Qué haría Jesús?”  Dios trabajará en nosotros, “Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Filipenses 2:13). Lejos de esta fuerza interna y transformación espiritual, no podremos caminar plenamente siguiendo los pasos de Jesús en forma práctica en nuestras vidas. Hasta podremos luchar contra algunas cosas que Él enseñó y oponernos a lo que Él quisiera en nuestras vidas.  

Pero, ¿cómo podemos venir a Dios a través de Jesucristo?  En profundo pesar y dolor, debemos renunciar a todos nuestros pecados. Debemos arrepentirnos de ellos y alejarnos de ellos (ver  Hechos 3:19,26; 17:30-31; 26:18,20). Debemos abandonar todo pecado o relación pecaminosa que tenemos ahora (1 Tesalonicenses 1:9; Proverbios 28:13). Debemos regresar a Dios y acercarnos al Señor Jesucristo (Hechos 16:31; Juan 3:15-18), colocando nuestra fe en el Cristo que murió y resucitó por nosotros (Romanos 3:24-26; 5:1). No nos salvamos por nuestra propia habilidad u obras, sino por el amor y la gracia de Dios para con nosotros (Efesios 2:8-10). La Biblia también dice que debemos confesar con nuestra boca que Jesús es quien gobierna nuestra vida (Romanos 10:9-10) y determinarnos a dejarlo gobernar todos los aspectos de nuestra vida (Lucas 6:46). A medida que venimos a Cristo en fe, debemos expresar este acercamiento mediante el bautismo en Cristo (Gálatas 3:26-27) y en su muerte (Romanos 6:3-8), ser enterrados con Él a través del bautismo en nuestra propia muerte al pecado y luego levantarnos a caminar en una nueva vida (Romanos 6:3-5). Todos nuestros pecados pueden ser perdonados y podemos recibir el precioso don de Dios, el Espíritu Santo (Hechos 2:38-41; 22:16)! ¡Entonces podremos vivir como Jesús vivió en compañerismo con Dios!  

¿Qué haría Jesús?  

¿Qué haría Jesús?  ¡Es una buena pregunta!  ¡Hagámosla a menudo! Busquemos conocer verdaderamente cómo piensa el Señor, a través de su Palabra escrita (la Biblia). Busquemos discernir cómo los apóstoles y otros seguidores de Jesús vivirían si caminaran entre nosotros hoy en día (ver 1 Corintios 11:1; 1 Tesalonicenses 1:6; Filipenses 3:17; 4:9). Si conocemos verdaderamente a Jesús, debemos seguir sus pasos y hacer su voluntad (1 Juan 2:3-6). Si aun no lo conoce personalmente y no es uno de sus discípulos, ahora es el momento de venir a Él. Jesús dijo, “Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).  

¿Si usted desea aprender más sobre Jesús y seguirlo como verdadero discípulo, por favor escriba para recibir gratuitamente los folletos, Naufragio hacia la salvación, y el Camino Romano hacia la Redención.  

Richard Hollerman