UNA
VISION CRISTIANA DE LA CRISIS TERRORISTA
"Porque
Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni
vuestros caminos Mis caminos—declara el Señor.."
(Isaías
55:8)
En Estados Unidos como en
todas partes del mundo la gente quedó perpleja ante la
cruda realidad de destrucción masiva ocurrida el 11 de
septiembre del 2001. En aquel "día de infamia",
mucho peor que el ataque de Pearl Harbor de 1941, terroristas
extranjeros se apoderaron de cuatro aviones y destruyeron
miles de vidas. Las escenas más dramáticas y desgarradoras
acompañaron las explosiones y el colapso de las torres
gemelas del World Trade Center en Nueva York. La tragedia
continuó en el Pentágono cerca a Washington, DC y al oeste
de Pensilvania donde uno de los aviones se estrelló en
el campo.
Los espectadores, sin despegarse
de sus televisores, pudieron ver en vivos colores la repetición
del momento en que el avión se estrelló contra la segunda
torre, el infierno abrasador de miles de galones de combustible
y la desintegración de la infraestructura de las torres.
La comunicación instantánea permitió a la gente ver los
detalles visuales de la tragedia sin precedentes. Las escenas
de desenfreno se veían en todas partes, mientras miles
escapaban de las torres y se juntaban con otros que corrían
de la destrucción en medio de horribles gritos, del polvo
asfixiante y los escombros que caían. Escenas apocalípticas,
algunas veces vistas en ciencia ficción, se hicieron realidad
a medida que la gente absorta observaba la devastación
de cuerpos destrozados y víctimas mutiladas. Se perdieron
miles de vidas de personas de Estados Unidos, la India,
Inglaterra, Pakistán, Israel, y docenas de otros países.
A medida que se producían
estos horribles eventos, la mayoría de gente quedó escandalizada,
sin aliento, y llena de horror. Un falso sentido de seguridad
dio lugar a un sentido de vulnerabilidad. La confianza
equivocada fue remplazada por la duda. La seguridad se
perdió frente al temor. Cuando la gente supo que los hombres
malvados responsables de este asesinato masivo fueron en
realidad entrenados para volar en Estados Unidos, se sintió traicionada.
Era como si un cazador le enseñara a su amigo a usar una
escopeta y luego este amigo a su vez asesinara a su maestro.
Un sorprendente número de
gente pensó inmediatamente en Dios a medida que observaba
la carnicería y la ruina en Nueva York, en el Pentágono,
y en Pensilvana. Agobiados ante semejante maldad, acudieron
al Señor en busca de consuelo. Se celebraron misas durante
toda la semana. El domingo, los lugares de reunión religiosa
estuvieron llenos de miembros y visitantes. El Fort
Worth Star Telegram informó: "Con sus banderas
nacionales y libros de oración, los Estadounidenses llenaron
las iglesias el domingo luchando por comprender el terror
de la semana anterior. La melodía de Dios bendiga a
América se mezcló con la música gospel. Las imágenes
de la destrucción en Nueva York y Washington fueron proyectadas
en algunas paredes de los santuarios. Los hujieres en una
de las iglesias distribuyeron pañuelos a los feligreses
que no pudieron contener el llanto." Otro artículo
del mismo periódico dice lo siguiente: "Los texanos
del Norte llenaron las casas de adoración en Metroplex
el día domingo para reflexionar sobre la semana de horror,
orar para tener fortaleza y declarar una guerra justa contra
el mal. Los servicios del miércoles se mezclaron con fervor
patriótico y religioso ya que algunas congregaciones entonaron
canciones como América la Hermosa y Dios bendiga
a América junto con himnos tradicionales. Los Ministros
religiosos comentaron cómo los ataques terroristas habían
acercado a la gente a Dios y habían unido a la nación.
Otro informe periodístico decía, "Dios ha hecho que
esta nación se ponga de rodillas. No es la postura de la
derrota. Me atrevería a decir que es la postura de guerra".
También se celebraron servicios
ecuménicos. La Catedral Nacional en Washington, D.C., ofreció un
servicio al cual asistieron el presidente Bush, ex presidentes,
y miembros del congreso. Un clérigo musulmán, un líder
judío, un Obispo católico, y un pastor protestante participaron
en la reunión. Otros servicios en otros lugares incluyeron
protestantes, judíos, hindúes, musulmanes y otros. Indistintamente
de su relación con Dios, todos se unieron para hacer frente
a esta oscura tragedia.
Frente a semejante destrucción
nacional, ¿qué debería pensar el cristiano? Alguien notó que
si discernimos cómo la mayoría de personas en el mundo
ve un evento determinado, el cristiano debería probablemente
ver las cosas exactamente en el sentido opuesto.
Se dice esto debido a que la basta mayoría de personas
no ve la vida, ni la historia, ni la realidad a la luz
de las Escrituras (cf. Isaías 55:8-9). La razón es que
casi todos se encuentran aún en la carne y no están sujetos
a la voluntad de Dios (Romanos 8:7-8); casi todos se encuentran
cautivados por Satán, el "dios" de este tiempo
(2 Corintios 4:3-4; Juan 8:44); casi ninguno ha sido transformado
por el Espíritu de Dios (2 Corintios 3:17-18). Siguiendo
este razonamiento deberíamos ver todas las cosas de la
vida de manera distinta a como las ve nuestra sociedad.
Esto es cierto, pero sólo
en parte. Incluso los hombres no salvos han sido hechos
a la imagen de Dios, aunque esta imagen ha sido grandemente
distorsionada (Santiago 3:9; Efesios. 4:23-24). Aún existe
un sentido de justicia en aquellos que no han sido salvos,
aunque esa justicia es a menudo pervertida (cf. Romanos
13:1-5). Aún existe el sentido de compasión en algunos
frente al sufrimiento humano aunque no tomen en cuenta
el ejemplo de compasión de Cristo (Lucas10:30-37). Hemos
visto que esto se ha comprobado en esta trágica destrucción.
Incluso gente no regenerada ha sacrificado su tiempo y
dinero para ayudar a las víctimas del desastre. Han expresado
más amor y preocupación por sus familias e incluso por
desconocidos. Han hecho un llamado a la justicia y al castigo
de los responsables de este asesinato masivo. Se han llenado
de cólera frente a este acto de agresión. Sin embargo,
aunque la cólera puede ser correcta y buena y esencial,
frente a actos de crueldad y asesinato (cf. Marcos 3:5),
también puede degenerarse en un odio ciego, fanatismo racial,
nacionalismo hipócrita, represalia violenta y otros pecados.
A pesar de la actitud correcta
frente a este evidente acto de hostilidad, debemos admitir
que la gente del mundo (incluyendo la mayoría de gente
religiosa) simplemente no ve las cosas con la mente
de Cristo (1 Corintios 2:16; cf. Filipenses 2:5). Por lo
tanto, necesitamos preguntarnos a nosotros mismos, cómo
deberíamos ver esta tragedia. ¿Qué nos dicen las Escrituras? Les
ofrecemos los siguientes puntos para que los piense en
este momento de crisis y reflexión.
Primero, Dios desea que
reflexionemos y aprendamos de los eventos dramáticos
de destrucción. Es bueno que Estados Unidos y el
mundo estén pensando con mayor seriedad en la vida desde
la tragedia del 11 de setiembre. Dios destruyó al mundo
con un gran diluvio mundial y más tarde tanto Jesús como
Pedro se refirieron a dicho suceso y sacaron una lección
(Mateo 24:37-39; 2 Pedro 3:5). La destrucción de Jerusalén
por parte de Nabucodonosor de Babilonia fue para enseñarle
a Israel una lección que nunca olvidaría. Del mismo modo
aunque esta tragedia es dolorosa y un compendio de maldad,
aún así podemos aprender de ella. Podemos recibir lecciones
que le darán más significado a nuestras propias vidas
y glorificarán a Dios. ¡Aprendamos bien estas lecciones!
Segundo, el corazón humano
está lleno de pecado. Dios dice, "Más
engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién
lo comprenderá?" (Jeremías 17:9). Sólo un corazón
pecador y perverso pudo haber cometido una atrocidad
tan aterradora y asesinar a miles de personas inocentes.
El U.S. News and World Report ofrece esta cita
concisa: "Esta es maldad pura e inadulterada".
De acuerdo a la Newsweek, Bin Laden, el líder
musulmán carismático responsable de tanta violencia y
aparentemente el autor de la presente destrucción, expresa
en poesía lo perverso de su corazón con relación al bombardeo
suicida al US Cole y a la muerte de 17 estadounidenses
a comienzos de este año:
Las partes de los cuerpos
de los infieles
volaban como partículas de polvo.
Si ustedes hubieran podido
verlo con sus propios ojos,
se hubieran complacido
mucho
y
sus corazones estarían llenos
de alegría.
Esta misma actitud perversa
fue manifestada en una escala incluso mayor durante los
eventos del día de infamia.
Sin embargo, además de esta
clara perversión pecaminosa, debemos admitir honestamente
que todos hemos pecado y somos indignos de la gloria
de Dios, por lo tanto todos somos culpables delante de
Dios y merecemos la muerte (Romanos 1:32; 3:23; 6:23).
Aunque sólo algunos cometieron el terrible pecado de destrucción
el 11 de setiembre, todo aquél que no ha sido salvo está bajo
el pecado y debe enfrentar a Dios en el juicio un día (Romanos
2:4-6). A los ojos de Dios todos somos culpables
de pecado – ya sea por odio y fanatismo, codicia y envidia,
por el hablar corrupto y el materialismo corrupto, por
ira y amargura, o por falta de misericordia y amor. Aunque
podemos querer mantenernos distantes del grave pecado de
los terroristas suicidas, debemos admitir que todos merecemos
ser castigados por un Dios Santo a causa de nuestros propios
pecados. (Apocalipsis 21:8).
Tercero, el corazón puede
ser engañado terriblemente. Una y otra vez la Biblia
nos advierte, "No os dejéis engañar" (Gálatas
6:7). Satán "engaña al mundo entero" (Apocalipsis
12:9); por lo tanto todos aquellos que no son creyentes
han sido engañados en lo que se refiere a su condición
espiritual. Sin embargo, este incidente revela cómo el
engaño masivo puede turbar el juicio de una persona al
punto de llegar a cometer un acto tan atroz de destrucción.
La Biblia dice, "Hay camino que al hombre le parece derecho,
pero al final, es camino de muerte" (Proverbios
14:12). Puede haber parecido "recto" para estos
asesinos cometer suicidio y asesinato, pero era "camino
de muerte"—muerte física, espiritual y eterna.
Cuarto, este evento revela
una gran hipocresía en nuestras vidas. Es correcto
condenar el asesinato bárbaro de 7,000 personas inocentes,
pero ¿somos consistentes cuando condenamos? Mientras
cientos de millones de personas en todo el mundo ha condenado
al unísono esta destrucción masiva (y con justa razón),
vemos al mismo tiempo una hipocresía masiva.
Mientras 7,000 personas han
sido asesinadas trágicamente por los terroristas, ¿cuántos
han sido los que han condenado abiertamente el asesinato
de más de un millón de bebés al año por madres crueles,
doctores y enfermeras? (Muchos millones más son abortados
en otros países). ¿Cuántos han condenado los cientos de
millones de gente muerta por el uso del tabaco sólo en
Estados Unidos? ¿Cuántos
han condenado la homosexualidad y la fornicación responsable
de la crisis del SIDA que está destruyendo decenas de millones
de vidas en el mundo? ¡El corazón definitivamente está engañado
por tanta hipocresía!
Cuando las tragedias como ésta
chocan "cerca de nuestro hogar" perdemos la objetividad.
Nosotros condenamos con justa razón a los autores de esta
destrucción y a aquellos que los enviaron; pero ¿condenamos
del mismo modo la maldad en todo el mundo? ¿Estarían los
estadounidenses tan furiosos si 7,000 alemanes, panameños,
hindúes, o egipcios hubieran sido asesinados? Solemos dejar
que la ofensa personal y la lealtad nacionalista nuble
nuestra objetividad. ¿Nos preocupamos por los varios millones
de congoleses muertos en la sangrienta guerra del Congo? ¿Estamos
preocupados por los millones apresados y asesinados en
la China Comunista? ¿Estamos preocupados por las prohibiciones
a las prédicas y conversión a Cristo en muchas tierras
islámicas (incluso Israel es extremadamente restrictivo
en este aspecto)? ¿Nos preocupamos por aquellos que sufren
por los terremotos en varias partes del mundo? ¿Son los
estadounidenses más importantes y valiosos que los demás?
Es tiempo de que veamos objetivamente la moral y la maldad
religiosa donde quiera que se encuentre y condenarla como
pecado en contra de Dios.
Quinto, algunas religiones
atrapan a las personas mediante el poder del engaño. Gran
parte del terrorismo cometido en el mundo proviene de
la religión islámica. Es cierto que un vasto número de
musulmanes no cometerían una atrocidad de este tipo (debemos
mantener esta distinción en mente). Probablemente muchos
de los cinco millones de adherentes islámicos en los
Estados Unidos tienen esta convicción. Sin embargo, existen
musulmanes fundamentalistas radicales que toman el Corán
en serio y creen que serán inmediatamente recibidos en
el paraíso y que disfrutarán de la eterna felicidad con
muchas esposas si asesinan en el nombre de Allah y Mohammed.
Ya que siguen a un falso profeta (Mohammed) y sus escritos
(el Corán), están engañados al pensar que serán
recompensados al matar a sus enemigos, aquellos que se
les oponen. Este pensamiento distorsionado es parte de
su religión.
Del mismo modo debemos recordar
que en el tiempo de Mohammed (siglo siete) y en los siglos
que siguieron, los musulmanes practicaban un sistema de "expansión
por conquista". Esto trajo como consecuencia la destrucción
de países completos –desde Persia por el este, pasando
por África del Norte hasta el Atlántico, y hasta España.
En el Hadith (o enseñanza oral), se dice que la Jihad es
el mejor método de ganar (bendiciones) tanto espirituales
como temporales. Si se consigue la victoria hay un enorme
botín para el país que no puede ser igualado (sic) a ninguna
otra fuente de ingreso. Si hay derrota y muerte se tiene
de todo en el paraíso" (citado por Moshay, ¿Quién
es este Allah?, p. 23). Estos primeros seguidores de
Mohammed fueron engañados al pensar que este procedimiento
era en realidad agradable a Allah, el dios que ellos seguían.
Además, debemos de recordar
que los musulmanes aún guardan resentimiento por las atrocidades
cometidas por los así llamados cruzados "cristianos" durante
la Edad Media. En aquella época, hordas de católicos romanos
europeos arrasaron pueblos musulmanes completos, violando
a sus mujeres y causando devastación en el Cercano Oriente.
Mientras clamaban hipócritamente el nombre de Jesucristo,
violaban casi todas Sus enseñanzas durante el saqueo. Aunque éstos
no eran verdaderos cristianos sino católicos equivocados,
los musulmanes parecen no conocer la diferencia. (Del mismo
modo, muchos judíos incluso hoy en día no ven la diferencia
radical entre en régimen Nazi "Cristiano" y la
verdadera Cristiandad). Los musulmanes radicales se ven
a sí mismos como instrumentos de venganza en contra de
los "cristianos infieles".
Antes que los demás basándose
en su propia noción de justicia condenen el fundamentalismo
islámico debido a su perspectiva desviada, hay que tener
en cuenta que todas las demás religiones del mundo se encuentran
del mismo modo bajo el poder del engaño, ya que no siguen
al Dios verdadero, no creen en el verdadero Salvador del
pecado, ni dan honra a la Palabra del Dios Vivo. Juan escribe, "todo
el mundo yace bajo el poder del maligno" (1
Juan 5:19).
Sexto, vivimos en un
mundo que ha caído en el pecado en el cual la tragedia
es parte de la vida. Desde el primer pecado en el
Jardín del Edén (Génesis 3), este mundo ha sido esclavizado
por la corrupción (Romanos 8:19-25). Desastres naturales
(inundaciones, huracanes, tornados, volcanes, terremotos,
etc.) y la maldad moral de todo tipo es parte de este
mundo de corrupción. Aquellos que murieron en el World
Trade Center no eran necesariamente más pecadores que
otros que estaban en el Empire State Building o cualquier
otro edificio y que no fueron heridos por los designios
terroristas. Sin embargo, el desastre los atrapó y muchos
murieron. Jesús habló del colapso de la Torre de Siloam
y dijo que este tipo de tragedia no significaba que las
víctimas eran más pecadoras que los demás. Por el contrario,
estos eventos deberían llamarnos al arrepentimiento (Lucas
13:1-5). Las muertes graves de este tipo forman parte
de la vida en un mundo pecador y caído. Dios introducirá la
paz eterna sólo cuando el Reino de Dios sea manifestado.
Sétimo, podemos ver las
maldades del suicidio. Los autores de esta horrenda
maldad asumieron equivocadamente que si se suicidaban
(como parte de la Jihad o doctrina de "guerra
santa") serían recompensados eternamente. Un artículo
publicado en Newsweek explica: "el que muere
como mártir de la fe (musulmana) va directamente al cielo
y disfruta de las mejores recompensas. Pero en esta versión
moderna del Islam, la noción de mártir se explica de
manera que incluye el suicidio voluntario en la batalla".
Este artículo continua citando el ejemplo de miles de
soldados iraníes "quienes hicieron explotar sus
propios cuerpos al entrar en campos minados iraquíes
a fin de que los musulmanes iraníes pudieran alcanzar
las líneas enemigas".
Mientras que el Islam teóricamente
ve al pecado del suicidio como un gran pecado, el Islam
radical llama a esta forma de suicidio de manera distinta.
El suicidio o auto-asesinato terrorista es parte del llamado
sexto pilar del Islam: Jihad. Jihad es un
término árabe que significa "pelea" o "batalla".
De acuerdo a la Enciclopedia Británica, la Jihad es "un
deber religioso impuesto a los musulmanes para difundir
el Islam librando batalla." Este deber puede lograrse
librando "guerra físicamente en contra de los incrédulos
y enemigos de la fe islámica". Mohammed dijo, "¡Pelea
en la causa de Dios!" y, "Mata y asesina a los
Paganos donde quiera que los encuentres" (Corán, 2:244;9:5).
Además, "Cuando te encuentres con los Incrédulos (en
batalla) golpéalos en el cuello" (47:4). Ayatollah
Khomeini de Irán declara, "La alegría pura en el Islam
es matar y morir por Allah" (David Lam, Los Árabes,
p.287).
Prevalece la creencia de
que si un musulmán devoto se suicida con la finalidad de
derrotar a los enemigos del Islam, defender a Mohammed,
y promover la fe musulmana, será recibido en el paraíso
de Allah y será especialmente bendecido en la era por venir. "Aquellos
que han dejado sus hogares...o peleado o sido asesinados – En
verdad yo borraré De ellos sus iniquidades, Y los recibiré en
Jardines Con ríos que fluyen por debajo;--Una recompensa
de la Presencia de Dios, y de su Presencia es la mejor
de las recompensas" (3:195;cf. 2:244; 4:95; citado
por Norman L. Geisler y Abdul Saleeb, Respondiendo al
Islam, p. 174; puntuación de acuerdo al original).
Un Hadith (una tradición oral del Profeta) dice: "El
menor de los habitantes del paraíso será el que tenga ocho
mil sirvientes, setentaidos esposas..." (G.J.O Moshay, ¿Quién
es este Allah?, p. 84). Aun si esto es figurativo,
demuestra en términos simbólicos lo que le espera a un
musulmán que muere en una llamada Jihad (una "guerra
santa" que en realidad es una guerra profana!).
Sin embargo, la Biblia dice, "ningún
homicida tiene vida eterna permanente en él" (1 Juan
3:15). La Palabra de Dios no hace distinción entre el auto
asesinato (suicidio) y el asesinato de otros. Los homicidas-
todos aquellos homicidas sin importar de qué tipo- serán
condenados al lago de fuego (Apocalipsis 21:8). Estos terroristas
fueron culpables no sólo de suicidio (auto-asesinato) sino
también del asesinato de miles de personas. Tristemente
aquellos que se mataron no escaparán de sus problemas aquí en
la tierra sino que pasarán a una eternidad de horror indescriptible.
Esto también se refiere a más de 30,000 estadounidenses
que se suicidan al año.
Octavo, existe la necesidad
de justicia en un mundo caído. Una versión extrema
del Pacifismo Político dice que los gobiernos deben deponer
sus armas y vivir en paz con sus vecinos. Esto es totalmente
irrealista en un país pecador como éste si tuviera que
hacerse unilateralmente. La única nación que permanece
en los principios de paz es la "ciudad santa" de
verdaderos cristianos (1 Pedro 2:9), que sigue al Príncipe
de paz, Jesucristo (Isaías 9:6).
Pablo demuestra que el gobierno
civil ha sido establecido por Dios para desempeñar el trabajo
de la justicia. El poder civil "no en vano
lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador
que castiga al que practica lo malo" (Romanos 13:4;
cf. vv. 1-3; 1 Pedro 2:13-14). Mientras que muchos gobiernos
de la tierra premian al malvado y persiguen al justo, idealmente
deberían aplicar justicia sobre los hacedores de maldad.
Si el gobierno de los Estados Unidos descubre quién es
el responsable de este asesinato masivo, la Biblia dice
que puede trabajar como un vengador de Dios para traer "castigo".
Esto se vuelve un problema cuando el gobierno debe ir más
allá de sus fronteras e ingresar a otro país para localizar
a aquellos que son culpables, y especialmente si hay terceros
inocentes involucrados; pero al menos el principio se aplica
para los hacedores de maldad dentro de los límites
de un determinado país.
Noveno, el cristiano
debe vivir de acuerdo a principios diferentes. Mientras
que el poder civil lleva la espada (Romanos 13:4), el
cristiano no debe usar la espada (Mateo 26:52). Mientras
el poder civil es un "vengador" y "castiga" al
hacedor de maldad (Romanos 13:4), el cristiano no debe
vengarse porque debe "dar lugar a la ira de Dios" (12:19).
El cristiano tiene el siguiente mandamiento "No
seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal" (12:21;
cf. vv. 14-20). La autoridad civil se interesa por "el
castigo de los hacedores de maldad" (1 Pedro 2:13-14),
pero el cristiano se interesa por la salvación y transformación
de todos los hacedores de maldad y pecadores (2 Corintios
5:19:20). Las Escrituras reconocen el derecho del gobierno
civil (nacional, estatal y local) para traer a los pecadores
o criminales a la justicia (cf. Génesis 9:5-6; Hechos
25:8-11), pero al mismo tiempo enseña que los cristianos
seguirán al Señor en el camino de amor, paz y buena voluntad
(cf. 1 Tesalonicenses 5:15).
La reacción violenta ante
esta atrocidad se ha visto en varios lugares. Algunos estadounidenses
llenos de odio se han desenfrenado ante cualquiera que
sea originario del Cercano Oriente o que sigua el Islam.
Un artículo de noticias dice al respecto, "En Washington,
D.C., a las mujeres musulmanas les han arrancado sus mantos
de la cabeza. Una mezquita en San Francisco fue salpicada
con sangre de cerdo. Una amenaza de bomba en una escuela
mayormente árabe en Dearborn, Mich., hizo que los adolescentes
salieran corriendo a las calles". Alguien trató de
asesinar a un nativo de Yemen, Hasson Awadh, y alguien
logró asesinar a un musulmán en Arizona. Las mesquitas
musulmanas en Estados Unidos han sido profanadas y bombardeadas.
Sólo a unas millas de aquí (en Fort Worth, Texas), un hombre
apuñaló a dos jóvenes de Etiopía.
Los verdaderos seguidores
de Jesucristo deben vivir de acuerdo a estándares de vida
diferentes. Mientras condenan la maldad del asesinato masivo
en Nueva York, Pensilvania y Washington, D.C., permiten
que Dios ejerza su propia venganza, en el tiempo que Él
decida y de acuerdo a los medios que Él escoja. Los verdaderos
cristianos prefieren el "alto camino" de amor,
misericordia, justicia y bondad (cf. Lucas 6:35-36) pero
al mismo tiempo reconocen el poder de la autoridad civil
al ejercer la justicia de la pena capital en el culpable.
Diez, Dios traerá absoluta
justicia en el Último Día. Puede que no todos los
responsables de esta tragedia sean detenidos ni ejecutados
en esta vida. Debemos ser realistas y admitirlo. Sin
embargo, todos los culpables de este pecado un día tendrán
que enfrentarse a la justicia—en el tiempo que Dios decida.
La Biblia nos asegura que Dios "pagará a
cada uno conforme a sus obras" (Romanos
2:6). Habla de "el día de la ira y de la revelación
del justo juicio de Dios" (v. 5). Además, se refiere
a "el día del juicio y de la destrucción de los
impíos" (2 Pedro 3:7). ¡Nadie escapará al juicio
justo de Dios el Gran Día del Juicio!
No nos olvidemos de que estos
asesinos musulmanes no son los únicos que enfrentarán el
juicio de Dios sino toda persona que haya vivido en la
tierra, "para que cada uno sea recompensado por sus
hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo,
sea bueno o sea malo." (2 Corintios 5:10). No podemos
condenar a otros basándonos en nuestra propia justicia
y pretender que nosotros estamos libres de culpa si aún
somos culpables de nuestro pecado y no tenemos una relación
de salvación con Cristo. Todo aquel que no cree en Cristo
y que no lo obedece sufrirá el mismo castigo eterno que
estos terroristas despiadados.
Décimo primero, nuestra
vida es muy breve e indeciblemente insegura. Miles
de personas se levantaron el martes por la mañana y salieron
a trabajar al Pentágono y al World Trade Center pensando
que llevarían a cabo sus tareas diarias y que regresarían
a casa por la noche. Se despidieron con un beso de su
esposa, hicieron arreglos para ir al cine por la noche,
planearon ver una juego de pelota, o llevaron a sus hijos
a la escuela. Planearon el futuro – pero ya no había
futuro para ellos en la tierra. Ellos se equivocaron
de manera trágica. En cuestión de segundos algunos fueron
sepultados y quemados mortalmente. Otros murieron en
minutos. ¡Qué sabio es el consejo del rey Salomón!, "No
te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el
día." (Proverbios 27:1). Santiago añade este consejo: "Sin
embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Sólo sois
un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se
desvanece" (Santiago 4:14).
Estas víctimas estuvieron
vivas en un momento determinado y al otro murieron. Estaban
haciendo llamadas telefónicas, estaban en reuniones, tomaban
café, hablaban de puntajes de béisbol, trabajaban en la
computadora, entregaban memos, y coqueteaban con otros
trabajadores de la oficina. Pero ahora están muertos. ¡Cuán
importante es que veamos este trágico incidente como una
advertencia! Puede que no muramos por un avión en explosión,
podemos morir por un accidente automovilístico, una parálisis
severa, una enfermedad al corazón, o alguna otra calamidad. ¿Estamos
listos para encontrarnos con el Señor?
La gente tampoco esperará el
regreso de Cristo. Jesús nos advirtió, "Porque como
en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.
Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban
comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio,
hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron
hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la
venida del Hijo del Hombre" (Mateo 24:37-39; Lucas
17:26-27). Pablo dice además, "el día del Señor vendrá así como
un ladrón en la noche; que cuando estén diciendo:
Paz y seguridad, entonces la destrucción vendrá sobre ellos
repentinamente" (1 Tesalonicenses 5:2-3). Jesús dijo, "Por
eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora
que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre" (Mateo
24:44). ¿Estaría usted listo a morir
si un terrorista bombardeara el edificio que usted está visitando
en ese mismo instante?
Décimo segundo, el tiempo
presente es valioso. Ya que el día de mañana no nos
está garantizado, deberíamos usar el día de hoy, este
momento, de un modo bueno y correcto. Este es el único
momento que tenemos. No hagamos nada que no nos gustaría
estar haciendo en el momento de nuestra muerte o en el
momento que Cristo regrese. No debemos preocuparnos demasiado
por el día de mañana (Mateo 6:33) pero debemos preocuparnos
por cómo vivimos el día de hoy. Pablo escribe, "Por
tanto, tened cuidado cómo andáis (viváis); no como insensatos,
sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque
los días son malos" (Efesios 5:15-16).
¿Cómo estamos llevando nuestras
responsabilidades el día de hoy? ¿Estamos viviendo como
esposos y esposas, hijos e hijas cariñosos, amables y correctos? ¿Estamos
viviendo como empleados y empleadores responsables? ¿Somos
vecinos y amigos amables y considerados? Como cristianos, ¿recordamos
que somos "embajadores de Cristo" para llevar
el mensaje de la reconciliación a un mundo perdido (2 Corintios
5:20)? ¿Estamos conscientes de que Dios nos usa para manifestar "la
fragancia de su conocimiento" (2:14)? ¡Debemos usar
cada uno de nuestros días como si fuera el último!
Décimo tercero, debemos
valorar lo que es eterno y no temporal. Muchos han
recordado la historia simbólica de la destrucción de
Babilonia en Apocalipsis 18. Aparentemente Babilonia
era un símbolo de la Roma pagana. Juan usa el lenguaje
figurativo para transmitir su mensaje — un tema aparentemente
más claro para sus lectores originales que para nosotros.
Pero tomen en cuenta esta descripción: "Y los reyes
de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron
sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella
cuando vean el humo de su incendio, mirando de
pie desde lejos por causa del temor de su tormento, y diciendo: "¡Ay,
ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte!, porque
en una hora ha llegado tu juicio" (Apocalipsis 18:9-10).
Aunque sin duda Babilonia no es Nueva York en esta descripción,
podemos decir que la "gran ciudad" de Nueva
York representa en efecto el esplendor, lujo, riqueza
material, sensualidad y orgullo.
Ya hemos hablado anteriormente
del hecho de condenar el terrorismo y al mismo tiempo aceptar
el asesinato de bebés (aborto); la práctica de sodomía
(homosexualidad), fornicación y adulterio; la enseñanza
de la evolución sin la participación de Dios; el fuerte
materialismo y búsqueda del placer. Algunos han sugerido
que Dios está castigando a Estados Unidos por estos pecados
y por apartarse de su fe inicial en el Señor Dios. Dios
no es responsable de esta acción pecaminosa (Él no es el
autor del pecado), pero puede usar esto para hacer que
Estados Unidos despierte y vea su pecado. Aunque no conozcamos
la respuesta completa a todo esto, podemos decir que todo
lo material y temporal será quemado y destruido (cf. 2
Pedro 3:7-14). Necesitamos reconocer la perspectiva de
Pablo: "al no poner nuestra vista en las cosas que
se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que
se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2
Corintios 4:18).
Décimo cuarto, la solución
a todo esto es la respuesta de Dios. Incluso en esta época
la gente está buscando soluciones a la crisis terrorista.
Están intentando buscar medios para protegerse del daño
y castigar a los que cometieron esta serie de actos inhumanos.
Un artículo informó, "El presidente Bush y sus altos
asesores informaron a la nación el domingo que debían
preparase para un Nuevo tipo de Guerra Global que podría
durar años, requerir medios no convencionales y que pondría
a prueba la paciencia y el coraje de los estadounidenses
y sus líderes". (Fort Worth Star Telegram). Otras
naciones también están discutiendo qué papel jugarían
en una Guerra por venir "en contra del terrorismo".
Pero el problema de fondo
que no debemos perder de vista es el eterno problema del
pecado y de la alienación del ser humano de Dios (Romanos
3:23; Isaías 59:2). Sólo Jesucristo puede resolver el problema.
El dilema fundamental no es político y la solución no es
militar. El dilema y su respuesta son de naturaleza espiritual. Cristo
vino a este mundo a salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15)
e hizo esto muriendo por nuestros pecados y resucitando
de los muertos (1 Corintios 15:3-4). El pecado permanecerá en
el corazón humano y cualquier acto perverso es posible
mientras la gente aparezca alienada de Dios y siga sujeta
a sus pasiones carnales. Dios puede salvar a una a persona
través de Jesucristo y hacerla una nueva creación con un
Nuevo carácter — una persona de amor en lugar de odio,
misericordia en lugar de juicio, bondad en lugar de crueldad
(2 Corintios 5:17; Gálatas 5:22-23). Cristo es la respuesta — la única respuesta
a esta crisis actual y al dilema de todos los tiempos para
el pecado humano.
Estos son unos de los puntos
y principios que quisiera compartir con ustedes en estos
momentos de crisis nacional e internacional. Estamos viviendo
tiempos peligrosos y explosivos. Este ataque terrorista es
un evento atroz y malvado que no sólo ha afectado profundamente
a los estadounidenses sino a gente de muchos otros países.
Es casi seguro que se seguirán produciendo actos similares
de terrorismo en el futuro, no sólo en Estados Unidos sino
en el mundo entero. Ahora no es tiempo de reaccionar con
actitudes mundanas sino de manifestar el carácter de Dios
en Cristo Jesús. Ahora es el momento en que la gente que
conoce a Dios debe hacer brillar su luz en un mundo de
oscuridad.—una oscuridad de terrorismo, traición, odio,
falsa religión, perversión, venganza, y crueldad. Jesús
dijo, "Yo
soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida" (Juan
8:12).
Richard Hollerman